Icon: Potencia lumínica
Accionar el interruptor giratorio de los faros abatibles del 928 es un momento típico de Porsche en la era transaxle. La forma y la función de ambos componentes encajan como anillo al dedo con el estilo vanguardista del Gran Turismo.
Porsche presenta el deportivo en la primavera de 1977 en el Salón del Automóvil de Ginebra y se adentra así, por primera vez, en el panorama de los grandes deportivos de ocho cilindros. Cuando el conductor gira hacia la derecha el interruptor de las luces situado a la izquierda del habitáculo, los faros salen rápidamente de las profundidades del capó y se proyectan hacia delante para iluminar la carretera y reorganizar el campo visual. Si hasta hace un momento solo se veía el interminable frontal del 928 deslizándose por la luz diurna, ahora dos carcasas de faros clásicos se precipitan hacia la noche como insignias emblemáticas de una era inolvidable de los deportivos.
En aquella época, los modelos transaxle tenían dos tipos diferentes de faros abatibles, y en el 928 se apostó por el sistema giratorio hacia delante. Por el contrario, los modelos de cuatro cilindros 924 (a partir de 1976) y 944 (a partir de 1981) presentaban faros abatibles que, al igual que en el deportivo de motor central 914 (a partir de 1969), giraban hacia atrás al abrirse. El 968, como última etapa evolutiva de los modelos transaxle, retoma a partir de 1991 el diseño y el funcionamiento de las carcasas de los faros del 928. Gracias a que los faros están visibles incluso cuando van plegados, el 928 se diferencia a primera vista del 924 y del 944. Cuando están retraídas, las carcasas de los faros de estos últimos se funden visualmente con la parte delantera gracias a las tapas pintadas en el color del vehículo. La cuestión del diseño es sobre todo una decisión estética pero, independientemente de la tecnología que se esconda bajo el capó, los faros abatibles caracterizan el diseño de los modelos transaxle de Porsche desde mediados de la década de 1970.
El neerlandés Harm Lagaaij, entonces un joven diseñador, participó decisivamente en la creación de los 924 y 928 y fue diseñador jefe de Porsche entre 1989 y 2004. «El concepto no solo dependía del diseño y de una aerodinámica óptima, sino también de la tecnología de iluminación disponible en aquel momento y de la legislación vigente», recuerda. «Teníamos que cumplir unas normas muy estrictas en cuanto a la altura de los faros. Al mismo tiempo, estaba claro que cuanto más grande era un faro, mejor era su potencia lumínica con la tecnología de iluminación de aquella época. Solo había una solución: los faros retráctiles». Durante muchos años, Lagaaij condujo él mismo el 928 en sus diferentes fases de desarrollo: «El coche tiene una iluminación excelente, es cierto, pero solo porque los faros son enormes».
Además de los faros principales, en todos los modelos transaxle se integraron otras funciones de iluminación en el parachoques. Con el estreno del primer Boxster (1996) y del 911 de la generación 996 (1997), la era de los faros abatibles llegó a su fin. La nueva tecnología de iluminación garantizaba que ahora se pudieran integrar todas las funciones en una carcasa con la mejor aerodinámica posible. Sin embargo, aún conserva su magia hoy en día la sensación que producen los faros abatibles al alargar visualmente un morro ya de por sí largo de un modelo transaxle y deslizarse silenciosamente en la noche.