El fin del mundo no es más que el principio
Recorrer toda la Panamericana de una vez en tan solo cien días. Ese era el sueño de Rainer Behrendt y Jan Bongers. En la primavera de 2026 emprendieron el viaje de sus vidas a bordo de su Cayenne: más de 40 000 kilómetros cruzando quince países. En esta edición de Christophorus se puede leer su historia.
Por la red de carreteras más extensa del mundo
La Panamericana, con todas sus rutas secundarias, tiene una longitud de hasta 48 000 kilómetros. Rainer Behrendt y Jan Bongers quisieron completar el recorrido completo en cien días. Su viaje los llevó desde Ushuaia, en Tierra del Fuego, hasta Deadhorse, en Alaska. En dos momentos de la travesía, por Perú y Canadá, la revista Christophorus quiso acompañarlos con un fotógrafo profesional. Al mismo tiempo, el alemán y el holandés presentan su archivo privado y nos van narrando su viaje a través de acontecimientos exclusivos y personales.
En algún lugar de los Andes, el sistema nervioso de Jan Bongers dice «basta». Hace días que recorre, junto a Rainer Behrendt, la cordillera más larga del mundo. En el duro trayecto entre Salta, en Argentina, y San Pedro de Atacama, en Chile, su ruta les coloca a más de 4500 metros de altitud. Y, de repente, comienzan las palpitaciones, la falta de concentración, los mareos… ¡Lo que tiene Jan Bongers es mal de altura! Y, por si fuera poco, el Cayenne también les da problemas. El viaje que debía llevar a los dos amigos desde la Tierra del Fuego hasta Alaska parece desmoronarse tan solo unos días después de su partida.
Con su proyecto #thepanamericana100project, el alemán Behrendt (54 años) y el holandés Bongers (57 años) cumplen el sueño de su vida: recorrer la Panamericana de un tirón y en tan solo cien días. Son amigos desde hace más de quince años y suelen hacer viajes en Porsche por los Alpes desde hace tiempo. Sin embargo, para marzo de 2026 tienen planeado un viaje mucho más impresionante, en el que irán desde Tierra del Fuego hasta Alaska. Como no podía ser de otra forma, lo harán en un versátil todoterreno Cayenne. Behrendt, presidente del Club Porsche de Maguncia, no tiene dudas. Pero este viaje es mucho más que una simple aventura. El año anterior, la suegra de Behrendt falleció a causa del ELA, de modo que quieren dar publicidad a esta dura enfermedad que sigue siendo incurable y recaudar donativos para la investigación. Cuando se padece esclerosis lateral amiotrófica (ELA), las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal sufren daños irreversibles. La enfermedad tiene un desenlace mortal, y las investigaciones en todo el mundo dependen de las donaciones. El llamativo Cayenne, decorado con un vinilo con el lema «Race against ALS», se convierte en el centro de todas las conversaciones allá por donde pasan y abre las puertas a encuentros inolvidables. La revista Christophorus se puso en contacto con Behrendt y Bongers para conocer en detalle esta aventura moderna. Esta es su historia.
Salida:
En Ushuaia comienza la misión de la tripulación del Cayenne.Rainer Behrendt: en el fin del mundo
Marzo de 2026: al sur de Tierra del Fuego. En el Canal de Beagle, me asomo a la barandilla y noto como una lágrima se resbala por mi mejilla. Es la primera vez en varias semanas que disfruto de un momento de tranquilidad para mí después de todo lo que ha pasado en los últimos tiempos. La muerte de mi suegra hace un año. Los preparativos del viaje. La renuncia a mi puesto de trabajo después de 27 años en él para hacer realidad este sueño. La llegada a Buenos Aires. El viaje por carretera hasta aquí. Y ahora, Ushuaia, Tierra del Fuego, el resurgir. Ya hemos logrado tanto, y ni tan siquiera hemos comenzado. Ushuaia no es un lugar especialmente bonito. Sin embargo, tiene un encanto especial. Para nosotros, el fin del mundo no es más que el principio. Salimos en dos días.
Jan Bongers: sobre el hielo
Desde Ushuaia la única dirección posible es el norte. Debemos planificar de manera cuidadosa nuestras paradas, ya que Tierra del Fuego nos tienta con su belleza a través del parabrisas. Este increíble país pide desconexión para disfrutar y saborear cada momento. No obstante, aproximadamente 1000 kilómetros hacia el oeste, se alza Perito Moreno, en el Parque Nacional de Los Glaciares. ¿Cómo perdérselo? Es una de las mayores maravillas naturales de nuestro planeta, además de uno de los pocos glaciares que, a pesar del cambio climático, se mantienen estables o aumentan en tamaño. En cuanto pongamos un pie en el hielo, sabremos apreciar lo que este viaje significa para nosotros. Estar aquí es todo un privilegio.
El primer punto destacado para Rainer Behrendt y Jan Bongers (de izq. a dcha.):
El Perito Moreno, uno de los glaciares más espectaculares del mundo.Rainer Behrendt: los Andes
Atravesando los Andes durante varios días, ascendemos por montañas muy empinadas de casi 5000 metros y las volvemos a bajar por las curvas más espectaculares que he visto nunca. El paisaje pasa de valles de un verde exuberante a coloridas formaciones rocosas. Cruzamos enormes mesetas salinas y paisajes volcánicos que parecen lunares.
De repente, el Cayenne da señales preocupantes. Hemos elegido una versión diésel de segunda generación con depósito de 100 litros y nos estamos encontrando con problemas poco habituales en un Porsche. El filtro de partículas diésel ya no puede regenerarse debido al bajo nivel de oxígeno a esta altitud. El Cayenne sufre mal de altura, por lo que se activa el programa de marcha de emergencia, con un máximo de 2000 revoluciones. El motor se defiende como puede: vamos ascendiendo en segunda marcha las pendientes empinadas, mientras los camiones nos apremian por detrás. Y, de repente, me doy cuenta de que Jan no está bien.
Del hielo a la sal:
El Cayenne en la Plaza de las Banderas, en el salar más grande del mundo, el Salar de Uyuni, en Bolivia.Jan Bongers: mal de altura
No me encuentro bien. Náuseas, mareos, palpitaciones… Debe de ser el mal de altura que, en casos graves, puede ser letal. Menos mal que antes de iniciar el viaje, hice una consulta con un especialista en sanidad internacional y viajo con medicación. Ahora solo tengo que descender. Rainer nos lleva sanos y salvos a San Pedro de Atacama, donde nos relajamos en un oasis situado al borde del desierto, a solo 2500 metros de altitud. Tres días de tratamiento después, se termina mi pesadilla.
Proseguimos hacia el norte, recorriendo 1500 kilómetros a lo largo de la costa oeste hasta Santiago de Chile. El modo de emergencia sigue activo, pero confiamos plenamente en el Cayenne incluso en situaciones extremas. De repente, recibimos un mensaje a través de las redes sociales del Porsche Club Andino de Chile. Dicen que quieren conocernos. Durante el desayuno del día siguiente tenemos nuestro primer contacto con esta comunidad. No los conocemos, pero nos une la misma pasión. Como presidente del club de Maguncia, Rainer está acostumbrado a este tipo de encuentros; para mí es toda una novedad. Parece que estas reuniones se repetirán en más ocasiones durante el viaje. A través del contacto con los lugareños, nos sumergimos con mucha más intensidad en la cultura de cada país. Aunque nuestra estancia sea breve, la sensación de autenticidad se nos queda grabada a fuego.
Costa del desierto:
Hace milenios que se pescan vieiras en la costa peruana del Pacífico; durante una excursión, Behrendt y Bongers tienen la oportunidad de disfrutar de esta tradición.
«Hoy tengo la sensación de entender un poco mejor el mundo». Jan Bongers
Rainer Behrendt: teleféricos en La Paz
Problemas de abastecimiento en Bolivia. La venta de combustible a extranjeros está regulada por el Estado, y a nosotros se nos aplican otros precios. No todos los empleados de las gasolineras pueden o quieren seguir el proceso como es debido. Además, no hay disponible gasóleo en todas partes. Paramos en seis gasolineras a lo largo de un mismo día hasta que encontramos lo que buscamos. Ya podemos seguir adelante, así que atravesamos el Salar de Uyuni, el más grande del mundo, y continuamos nuestro viaje hasta La Paz, la capital boliviana, que se encuentra a 4000 metros de altitud. Es una de las metrópolis que más me ha impresionado. Hasta hace apenas diez años, la población seguía dividida en dos clases sociales: en la meseta vivía la población indígena, a menudo más pobre, mientras que los más acomodados residían en el fondo de la cuenca, cerca del centro de la ciudad. Entonces construyeron aquí un sistema de teleférico accesible que ha transformado la vida cotidiana y el tejido social. Trayectos que antes se recorrían en una hora han pasado a estar a diez minutos. Un claro ejemplo de cómo el desarrollo urbano inteligente puede servir para cambiar la vida de las personas.
Viajando a 4000 metros de altitud:
En La Paz, la capital boliviana, los teleféricos forman parte del paisaje urbano, ya que se encargan de conectar la cuenca con el altiplano.Jan Bongers: tras las huellas de los incas
Dejar La Paz atrás supone todo un reto para el Cayenne. Llevamos ya dos semanas funcionando en modo de emergencia, ya que no podemos subir de 2000 revoluciones. Pero no nos queda otra que salir de este hervidero. La carretera asciende empinada por la montaña; viramos curva tras curva sin pasar de primera, a apenas 10 km/h. Emociones fuertes a cámara lenta. Lima, la capital peruana, está a 1500 kilómetros, y los mecánicos del Porsche Center local nos están esperando.
Ciudad en ruinas:
Machu Picchu es un imperdible de los Andes peruanos, también para este par de amigos. Fue en 1911 cuando se redescubrió la ciudad inca erigida en el siglo XV.Trabajan en el vehículo con gran esmero. Los chicos no habían visto un Cayenne diésel en su vida. Aprovechamos el tiempo de espera para reunirnos con el presidente del Club Porsche de Perú, Luis Fischer, también conocido como Lucho. Cuando le contamos que queremos viajar a Machu Picchu, nos hace una oferta irrechazable: Luis es propietario de un hotel en Cuzco, la antigua capital inca, y se compromete a organizarlo todo para nosotros. Tres días más tarde, el Cayenne vuelve a estar listo para continuar la marcha. El filtro de partículas diésel se ha regenerado, se ha instalado una nueva sonda lambda y el modo de emergencia no es más que una historia del pasado. ¡Al fin podemos respirar tranquilos!
Unos días más tarde, partimos desde Cuzco, acompañados de un guía, para recorrer el camino hacia Machu Picchu. La antigua ciudad inca de los Andes es una de las siete maravillas del mundo moderno. Al encontrarnos ante las enormes terrazas construidas hace más de 500 años, nos sentimos extremadamente afortunados. Nos sumergimos en un viaje al pasado, a otro mundo, al Imperio Inca.
Rainer Behrendt: parada forzosa en Ecuador
Tras recorrer poco más de 2000 kilómetros, llegamos a Ecuador, donde todo da un giro repentino. El desierto, el polvo y la arena de Perú dan paso a plantaciones de plátanos, clima tropical y exuberante vegetación. Las pistas de grava se transforman en asfalto. Y es entonces cuando reaparece el espíritu de nuestro Cayenne: debemos rellenar el depósito de AdBlue, si no, pronto no será posible arrancar el motor.
En Ecuador no conocen el AdBlue. ¿Una solución de urea que permite eliminar el óxido de nitrógeno de los gases de escape de los vehículos diésel? Aquí no han oído hablar de eso jamás. Apenas quedan 1000 kilómetros, y el sistema bloqueará el arranque del motor. Para poder recorrer la mayor distancia posible, ya no apagamos el motor, ni siquiera cuando paramos a descansar. Es demasiado arriesgado. Sin saber muy bien cuándo, llegamos a un hotel en mitad de la nada; ya casi no podemos continuar la ruta. La búsqueda de AdBlue nos lleva varios días. Entonces alguien nos echa un cable: en Quito, a unas tres horas de distancia, hay una tienda que tiene AdBlue en stock. El automóvil vuelve a arrancar. La solución está cerca.
El vehículo:
Para la aventura, el Cayenne de segunda generación se equipó con neumáticos todoterreno y faros adicionales.Jan Bongers: el hermano de Pablo Escobar
¡Problema resuelto! Retomamos nuestro viaje haciendo noche en la línea del ecuador y, finalmente, llegamos a Colombia. Seguimos la recomendación sobre no salirnos de las carreteras principales y no conducir de noche y llegamos a Medellín. En su día, Pablo Escobar otorgó una fama ciertamente dudosa a la ciudad, y hoy nos encontramos ante una urbe moderna y premiada por su innovación, su arte y su tecnología.
Como nos gustaría ahondar más en la historia de la ciudad, nuestro guía nos lleva a la Casa Museo Pablo Escobar. Se trata de un museo de carácter controvertido en la zona, ya que repasa la trayectoria del cártel de Medellín y ensalza al narcotraficante como si de una especie de Robin Hood se tratase. Para nosotros, europeos, es una visita interesante. Sin embargo, todo toma un cariz controvertido cuando le damos la mano al fundador del museo. Roberto Escobar, el hermano y director financiero de Pablo, pasó más de once años en la cárcel. ¿Quién podría pensar que íbamos a toparnos de pleno con el cártel de Medellín?
Para llegar a Ciudad de Panamá debemos embarcar el automóvil en un ferri que cruza el Tapón del Darién, con sus marismas y su densa selva tropical, que imposibilitan el paso terrestre. En Panamá también nos reunimos con miembros del Club Porsche local. Estos encuentros me siguen fascinando enormemente. Desde Costa Rica hasta Honduras, en Centroamérica se percibe claramente el espíritu de club.
Rainer Behrendt: Centroamérica
En Nicaragua no nos sentimos bienvenidos. Aunque no se debe a su gente, sino a la situación política. En la frontera tenemos que descargar y volver a cargar el coche varias veces. No se permiten los drones, así que los enviamos antes por correo a Honduras, a excepción del pequeño, que lo meteré de contrabando. Este país tiene una forma de gobierno muy diferente de todos los anteriores; los controles policiales son frecuentes. A pesar de ello, los lugareños nos reciben con los brazos abiertos. Por ejemplo, un día en Estelí, el conductor de una camioneta nos pide amablemente que nos bajemos. Nos ha reconocido de Instagram. Luego, el fabricante de puros nos invita a un café. Más tarde, recibimos una invitación a través de las redes sociales y, a la mañana siguiente, nos encontramos en una pequeña cervecería y fábrica de refrescos privada. Momentos maravillosos que hacen olvidar rápido la primera impresión que se tiene en la frontera.
Siguiente parada: El Salvador. Hace tan solo diez años, era uno de los países más peligrosos del mundo. Sin embargo, ahora se sigue una nueva línea política. En la reunión con el Club Porsche local nos contaron que incluso los habitantes de la zona tenían que viajar en vehículos blindados y con escolta para dar una vuelta con un Porsche. Hoy descubrimos un país que rezuma hospitalidad y con una naturaleza maravillosa. Volveremos, de eso estamos seguros.
Jan Bongers: en el Fuego
En Guatemala, Pedro Soles, presidente del Club Porsche local, nos recomienda una excursión al volcán Acatenango, ya que desde su cima se disfruta de las mejores vistas del Fuego, que sigue activo. Esta excursión de dos días ha sido una de las experiencias más duras e impresionantes vividas hasta el momento. Cada cuarto de hora, el Fuego echa vapor y humo y brotan de él masas de lava. Me parece irreal ver este espectáculo con mis propios ojos. Hacemos solo una breve pausa, porque al poco tiempo ya estamos de nuevo en el Cayenne rumbo a México.
Carlos J. Pani Villalobos, presidente del Club Porsche de México, se convierte en nuestro guardaespaldas en la carretera para esta etapa. Nos guía a través del tráfico mediante el teléfono móvil cuando queremos acceder a una autopista en Ciudad de México para bordear la metrópoli. El ajetreo de la ciudad hace que la conducción sea todo un desafío, pero nuestra misión nos sirve de impulso para no detenernos.
Rainer Behrendt: ¡rumbo al circuito!
El paso de la frontera hacia EE. UU. va sorprendentemente bien; los agentes fronterizos se muestran extremadamente amables. Desde este momento, se acabó el exotismo para nosotros. Ahora nos movemos por terreno conocido. Como hemos dedicado bastante tiempo a Centroamérica, nos toca acelerar para llegar a nuestro destino a tiempo. Hay varios lugares que no podemos omitir. En la costa oeste norteamericana se respira un espíritu apasionado de Porsche incomparable, y lo vamos a disfrutar al máximo. En Los Ángeles haremos una parada en el Porsche Experience Center para probar el circuito todoterreno. Seguidamente, nos dirigiremos a Laguna Seca, uno de los circuitos más legendarios. Allen Serban, nuestro instructor, nos lleva a toda velocidad por el circuito en un Taycan: jamás había vivido algo parecido. Así es que nos animamos a pisar el acelerador, porque hemos quedado con mi mujer en Vancouver y no podemos permitirnos llegar tarde.
Norteamérica:
En EE. UU., Behrendt y Bongers pisan el acelerador para llegar al destino sin superar los cien días; en Canadá, vuelven a compartir su tiempo con un fotógrafo de Christophorus. Mientras que en la sesión fotográfica de Perú predominaba el desierto, esta etapa destaca por la vegetación exuberante.
Jan Bongers: la recta final
En Vancouver, como buen holandés, disfruto enormemente de ir en bicicleta. No obstante, el volante nos espera: seguimos hacia la isla de Vancouver y nos adentramos en la increíble vegetación de este precioso entorno. Nos cruzamos con osos negros, pardos y grizzly, mientras alces y bisontes trotan por el arcén. De nuevo tierra firme, conducimos durante días con las Montañas Rocosas como telón de fondo. Hacemos una parada para pasear en Lake Louise y no podemos estar más de acuerdo con que esta cordillera es uno de los sitios más bonitos del viaje.
En junio llegaremos a Alaska y cruzaremos el círculo polar ártico. Ya no se hace de noche; el sol se mantiene fijo en el cielo y, a medianoche, baña el paisaje con una luz dorada. Más al norte, el entorno es distinto: el verde exuberante y los prados de flores silvestres dan paso a una llanura de tundra. Después de haber visto el fin del mundo en Ushuaia, sentimos que hemos llegado a la otra punta. Una tierra despiadada, una extensión infinita, un paisaje increíblemente impresionante.
Rainer Behrendt: el punto de menor altitud
La última etapa de la Dalton Highway, de Fairbanks a Deadhorse. Mi cabeza no deja de rumiar pensamientos. Jan y yo no solo hemos puesto a prueba nuestra larga amistad, sino que hemos erigido un monumento conmemorativo en honor de mi difunta suegra. Ahora, los recuerdos dolorosos dejan paso a momentos más recientes que hacen la carga un poco más llevadera. Vivimos en San Diego un encuentro con un hombre que nos contó de forma conmovedora que él también había tenido tres casos de ELA en su familia. Un camionero de Fairbanks se fijó en nuestro automóvil y nos dio veinte dólares como donación mientras desayunábamos. O esa pareja, que también tenía un familiar con ELA, y que nos pagó la cuenta. Todas aquellas personas que escanearon el código QR del automóvil e hicieron un donativo.
Deadhorse:
Frente a una tienda de bricolaje acaba oficialmente la Dalton Highway; además, el #panamericana100project queda inmortalizado con una pegatina. En el automóvil se puede leer con claridad el lema «Race against ALS», junto con un código QR que se utilizó para recaudar donativos a lo largo del recorrido.Esta enfermedad es la causante de mucho sufrimiento en todo el mundo. Toda atención es poca. Por eso, para mí, aquí no termina la lucha contra la ELA; seguiremos con la campaña de recaudación de fondos aunque finalice el viaje.
A continuación, llegamos a Deadhorse. Hemos hecho realidad nuestro sueño. Sin embargo, sentimos una profunda decepción. El lugar en sí mismo es una localidad de contenedores, sin residentes habituales, pero con miles de trabajadores petroleros temporales. Tuberías, instalaciones de transporte, edificios industriales y camiones dan forma al paisaje. Aunque es probable que no sea el lugar lo que me deprime. Se acerca el final. Este sueño ya se ha cumplido. ¿Qué vendrá después? No voy a volver a mi trabajo; voy a dar un giro a mi carrera. Me llevo en la mochila una nueva perspectiva: independientemente de lo que me depare el futuro, quiero seguir dedicándome a mis pasiones. Como este viaje, del que algún día les hablaré a mis nietos.
Jan Bongers: Deadhorse
Lleno de orgullo, embargado por la emoción y con una gran revelación vital, me encuentro en Deadhorse: haber cumplido este sueño nos convierte en unos auténticos afortunados. Hoy tengo la sensación de entender un poco mejor el mundo. He conocido gente y he descubierto nuevas formas de ver la vida. Lo que consideramos problemas en nuestro entorno sencillamente no lo son. Las experiencias vividas en este viaje me servirán de inspiración durante mucho tiempo. Ahora nos aguarda el camino de vuelta. Y, poco a poco, tras tanto tiempo de viaje, va madurando otra idea… ¡En casa también se está muy bien!
La aventura, de un vistazo
Recorrido: 41 600 km
Duración: 100 días (más el viaje de ida y de vuelta)
Países: 15