Cultura en movimiento

Thomas Schlereth ha convertido el Banzai Legacy Lab en un escenario de intercambio cultural. Y también constituye una alternativa al ajetreo del mundo moderno.

   

No quería construir un garaje o una nave sin más. Como arquitecto, se inspiró en un teatro, sin ventanas, con una iluminación determinada y con los coches como protagonistas. Una pared de espejos al fondo del edificio amplía la perspectiva y desdibuja el límite visible de la sala. Todo el que cruza el umbral del Banzai Legacy Lab, situado a orillas del lago de Starnberg en Baviera, se adentra en un ritmo diferente.

Entre automóviles deportivos y de carreras, Thomas Schlereth recorre la colección montado en un monopatín Banzai. La marca Banzai surgió en California en 1976, cuando se empezaron a fabricar monopatines de aluminio y los surfistas importaron al asfalto sus movimientos acuáticos.

Leyenda de las carreras:

El equipo Schuppan Takefuji utilizó el 962 C de Thomas Schlereth en las 24 Horas de Le Mans de 1989.

A finales de la década de 1970, Banzai cesó su actividad. Schlereth decidió dar un nuevo impulso a su patrimonio cultural en 2020, ya que desde adolescente había soñado con un monopatín de esa marca, famosa por su gran calidad. El monopatín, la tabla de surf y el coche responden al mismo impulso de movimiento y de búsqueda de un ritmo propio. 

Este empresario de 64 años guarda sus tesoros en el Banzai Legacy Lab. «También otros coleccionistas amantes del patrimonio cultural automovilístico pueden guardar aquí sus vehículos», afirma Schlereth. Este lugar se encuentra en la pintoresca región de los cinco lagos, donde desembocan puertos alpinos y carreteras secundarias. Allí también se pueden celebrar eventos. El formato de cena «Ten seats, one light» se reserva exclusivamente para invitados: diez personas se reúnen alrededor de una mesa bajo una misma luz. Con el ajetreo del ritmo de vida actual, es fundamental encontrar un momento para disfrutar de una conversación relajada. Los vehículos son el motor de esas conversaciones. Como arquitecto, Schlereth visualiza espacios y, como amante de los coches deportivos, piensa en términos biográficos. «No me atrae mucho la perfección», afirma. «Prefiero vehículos con historia, con marcas de guerra y con anécdotas poco conocidas». Si un coche ya no se puede conducir, prefiere venderlo antes de que se convierta en un mero objeto de coleccionista. 

Su 911 GT2 (993) de color amarillo Speed demuestra lo imprevisible que puede ser una relación como esa. Según indica la documentación de la colección, se trata de uno de los primeros ejemplares fabricados, con motor biturbo de 3,6 litros y un peso aproximado de 1100 kg. Su primer propietario fue el piloto Jochen Rohr. Antes de comprarlo en 2023, Schlereth solo había visto el coche en las fotos de una subasta en Internet. Estaba en Ibiza, y su familia ya había salido antes que él para llegar a la cena. Una puja más… ¡y el 911 por fin sería suyo! Más adelante se puso en contacto con Rohr, y de la investigación surgió la amistad. Ambos disfrutaron de la Rennsport Reunion en EE. UU. junto con el GT2. 

En 2015, compró en Inglaterra un 962 C con número de chasis 962-143. Su motor bóxer de seis cilindros y tres litros con dos turbocompresores ofrece una potencia de 779 CV, mientras que el peso total del automóvil de carreras es de unos 900 kg. En 1989, había competido en Le Mans con el equipo privado Schuppan Takefuji. Jean Alesi, Will Hoy y Dominic Dobson se turnaron al volante del monoplaza con el número 33. Tras 69 vueltas, quedó fuera de la competición.

Thomas Schlereth:

Para este empresario de 64 años, sus vehículos son bienes culturales con mucha historia. En el Banzai Legacy Lab, donde se fusiona el pasado y el presente, reúne automóviles deportivos, monopatines, arte y, sobre todo, a personas.

«A menudo lo conduzco en Track Days, donde siempre albergo la ilusión de encontrarme con gente de su primera etapa profesional». Como Dominic Dobson, con quien volvió a Le Mans en 2023 para grabar un vídeo sobre su participación de 1989. Así, la historia de la competición se convierte en un recuerdo personal para Schlereth. 

El alemán de la Alta Baviera cuenta con licencia internacional de competición desde 2022. «Echando la vista atrás, pienso que debería haber empezado antes y haberlo hecho más a menudo», reconoce. «Cuando circulas a gran velocidad, la percepción se reduce hasta que todo desaparece salvo la curva, el punto de frenada y el volante. Me pongo en modo zen: libertad mediante la concentración». 

Schlereth dedicó mucho tiempo a la caza del 911 Carrera RSR 3.0 de 1974. Más de una década. «Emblemático, robusto y muy ágil», afirma. «Para mí, ningún otro coche de competición puro ha reunido después todos estos atributos». Cuando se subastaron cerca de Le Mans seis vehículos porque su propietario —un empresario— ya no podía asumir sus costes salariales, Schlereth lo adquirió sin dudarlo. «Un perito determinó que tenía muchos elementos originales», relata. «El RSR se le entregó originalmente a Julio Gargallo, que corrió varios rallies con él en 1974». Eso le llevó a visitar a la viuda de Gargallo en Madrid. Para Schlereth, este episodio también forma parte del RSR. 

El rastro de la historia:

El 911 Carrera RSR 3.0 de 1974 (abajo) presenta marcas de guerra de su uso en el pasado. Paula Scher transformó el 928 en un mapa de carreteras de EE. UU.

La artista estadounidense Paula Scher transformó el 928 en un «Art Car» para presentar la historia desde un prisma diferente. «Lo que más me fascina de este modelo son sus superficies amplias y su diseño vanguardista», afirma Schlereth. El automóvil, originalmente negro, se lijó. Scher lo salpicó con manchas de color y, en año y medio, dibujó un mapa de EE. UU. en la carrocería. Su padre era cartógrafo, así que los mapas forman parte de su obra. La exposición en la Pinacoteca de Arte Moderno de Múnich, prevista inicialmente durante un año, se ha prorrogado en múltiples ocasiones. Aquí, un vehículo no solo conserva su origen, sino que inicia una nueva historia. 

Marcas:

En el Banzai Legacy Lab, la zona de estar, los libros y los monopatines (arriba) sirven de marco para una amplia variedad de automóviles deportivos y de competición.

Padre de tres hijos, se relaja practicando yoga, ayunando o haciendo trail en bici de montaña. El budismo se aproxima a sus creencias, así como el principio taoísta del Wu Wei o la inacción. «Ese principio también me ha inspirado a la hora de diseñar el Legacy Lab», explica. «Puede servir al mismo tiempo de escenario, de garaje, de espacio para cenar y de refugio». La gente viene por un automóvil deportivo, una tabla de skate o una cena, pero puede que se quede para charlar un rato.

«Al final, me gustaría echar la vista atrás y poder decir que he creado algo que perdurará a lo largo del tiempo», afirma Schlereth. La Banzai Collection no es un simple inventario de bienes materiales, sino su forma de entender el camino. Los vehículos provienen de épocas pasadas, pero no deben quedarse ahí. Viajan, transportan a distintos lugares y dan continuidad a las historias.

Christina Rahmes
Christina Rahmes

Artículos relacionados

Datos de consumo

911 GT3 con paquete Touring