Freerider
Ivaylo Popivantchev, importador de Porsche para Bulgaria y amante de los coches clásicos, nos muestra su ciudad natal, Sofía, en un clásico personalizado.
Por ahora, no se ve mucho movimiento. El tráfico está parado en los tres carriles del bulevar Tsarigradsko Shose, mientras Ivaylo Popivantchev tamborilea impaciente con los dedos sobre el volante. Entonces ve un hueco y aprovecha para tomar la salida. De repente, estamos en el centro de Sofía.
Es primavera, y se va disipando la capa de nubes que lleva días amenazando sobre la ciudad. Los brotes jóvenes de árboles y arbustos brillan como antorchas verdes. Alrededor de la capital búlgara, las cumbres nevadas emergen de la bruma. La ciudad está rodeada por tres cadenas montañosas: al oeste por la cordillera de Vitosha, al norte por los Balcanes y al sur por la cordillera de Rila. Se trata de un panorama impresionante a más de 2000 metros de altura. «La zona de esquí está a media hora», dice Ivaylo Popivantchev mientras sonríe pensativo. Más tarde descubriremos por qué.
Es un hombre más bien reservado. Su apretón de manos es firme, pero no dominante. Tiene una voz clara, pero suave. A sus 62 años, es uno de los empresarios del sector del automóvil más exitosos de Europa del Este como importador de la marca Porsche para Bulgaria y también colecciona vehículos históricos. Ha expuesto al público gran parte de su impresionante colección en el Centro Porsche de Sofía. Este extraordinario concepto bautizado según la cordillera homónima, Vitosha Sports Cars, le ha valido un galardón en los Classic Partner Awards 2024/25 en la categoría «Best Point of Experience – Showroom Setup». Este premio es muy codiciado entre los Classic Partners certificados, es decir, los centros de servicio Porsche especializados en el cuidado, el mantenimiento y la restauración de vehículos históricos. Ahora ha ido a parar por primera vez a Europa del Este. «Es un honor muy especial», afirma Popivantchev. «Significa mucho para mí».
Ivaylo Popivantchev:
el importador búlgaro de Porsche comparte pasiones muy dinámicas con sus hijos Rodin (izq.) y Mateo, como son los coches deportivos y el freeride, es decir, el esquí en terrenos sin preparar. La visita a Sofía se convierte en un encuentro intergeneracional, desde el 356 B Coupé (centro) hasta el 718 Cayman GT4 RS (izq.), pasando por el 911 Carrera 2 WTL Cabriolet (964, dcha.).
Experiencia:
en el taller se realiza el mantenimiento y la restauración de vehículos Porsche clásicos, que a veces se dejan en un estado «kilómetro cero».
Experto en coches clásicos:
Ivaylo Popivantchev es importador de Porsche y Classic Partner.Para el recorrido por Sofía, elige un modelo especial, un 911 Carrera 2 (964) Cabriolet con look Turbo del año 1993. «El vehículo ideal para el día a día», dice mientras cede el paso a un tranvía que hace sonar el timbre. «Deportivo sin concesiones, pero también cómodo». Casi todos los detalles están exactamente tal como se entregó el coche en su día. Cada pieza de cuero, cada tornillo del motor y cada componente deben ser auténticos para que «un coche antiguo sea realmente un clásico», afirma Popivantchev. Entonces, se da cuenta de que la mirada de su copiloto se ha quedado clavada en la consola central. Allí, el teléfono móvil va sujeto en un soporte que seguro que no había en 1993. «Bueno, una pequeña pizca de presente», dice riendo. «Uso el coche durante todo el año como vehículo para el día a día, y eso es todo un reto. Por eso me he permitido añadirle algunos detalles, como un techo rígido para el invierno, faros delanteros más modernos, un sistema de audio de Porsche Classic y llantas Speedline».
Popivantchev detiene el coche a un lado de la carretera y señala un edificio alargado. Es el mercado cubierto más antiguo de Bulgaria, que se construyó hace unos 120 años en estilo neorrenacentista con techo de cristal y una estructura metálica verde procedente de la fundición de Gustave Eiffel, el constructor de la famosa torre parisina. «Está perfectamente restaurado», opina el experto, que evidentemente siente una especial debilidad por las cosas antiguas que brillan con nuevo esplendor.
A lo largo de los tiempos, Sofía ha pasado por muchas manos, y en ella han dejado huella romanos, hunos, otomanos y rusos. Los hallazgos arqueológicos atestiguan un poblamiento continuo desde hace más de cinco mil años. Aquí vivieron reyes, emperadores y zares. La ciudad, en pleno corazón de la península balcánica, se encuentra en el extremo occidental de Bulgaria, Estado miembro de la UE. Serbia está a sesenta kilómetros y Macedonia del Norte, a setenta y cinco. El Mar Negro, un popular destino turístico, se encuentra a 400 kilómetros hacia el este. Ahora pasamos junto a edificios antiguos restaurados que se alzan junto a construcciones grises donde los balcones cuelgan muy torcidos. Y, una y otra vez, aparecen edificios monumentales de estilo estalinista, como el actual Parlamento, el Partiyniya dom. Luego atravesamos barrios donde los edificios comerciales acristalados dan testimonio del auge actual de la ciudad.
El recorrido por Sofía es también un viaje a la antigua vida de Ivaylo Popivantchev. Al pasar, señala una calle lateral donde solía jugar al fútbol. Más arriba, vivía su abuela, y allá atrás, en el horizonte, aprendió a esquiar. De hecho, tras acabar sus estudios de economía, incluso trabajó como monitor de esquí. Por aquel entonces, apenas había pistas acondicionadas y, a día de hoy, lo que más le gusta sigue siendo esquiar fuera de pista con sus hijos, de 19 y 23 años, que también son unos apasionados del freeride en nieve profunda. Lo define como «la gran libertad», el «placer del movimiento», una «sensación de dinamismo, de fuerzas físicas». Son palabras de un deportista entusiasta. De un freerider… y un apasionado de Porsche.
Armonía:
el 911 Carrera 2 Cabriolet Turbo Look (964) frente a la catedral de Alejandro Nevski.Señala un edificio de oficinas y explica que allí su padre tenía antiguamente su relojería. La voz de Popivantchev se suaviza. En ella, el joven Ivaylo, después del colegio, ajustaba con instrumentos de precisión minúsculos tornillos, resortes y ruedecillas hasta que todo volvía a encajar. Por tanto, la pasión por manejar máquinas mecánicas complejas le viene de lejos.
De camino al Centro Porsche está el monumento más famoso de Sofía, la catedral de Alejandro Nevski, una de las iglesias ortodoxas más grandes del mundo. Popivantchev aparca y se dirige a la entrada. Enciende cuatro velas, una de ellas para su acompañante. En el interior, un sacerdote recita letanías y el coro canta. Hay una docena de fieles arrodillados sobre las frías losas de piedra, cada uno absorto en sus pensamientos. Fuera, el tráfico que pasa a toda velocidad parece muy lejano. Tras un breve momento de reflexión, volvemos al coche. Con su pintura original verde Wimbledon metalizado, el 911 compone un dúo perfecto con la catedral y sus tejados de cobre patinados en verde.
Al fin, llegamos al Centro Porsche a las afueras de la ciudad. En el showroom están la mayoría de los ejemplares de la colección privada de Popivantchev, que ya cuenta con más de cien vehículos. En la gran sala de exposiciones, junto a los modelos más recientes, hay modelos de todas las épocas de la historia de Porsche restaurados con esmero. Justo a la derecha de la entrada se ve un ejemplar realmente de ensueño, un 356 1500 Cabriolet de 1953 pintado de blanco. A continuación, uno de los primeros modelos 911 Targa de 1966 y, no muy lejos, un 911 Carrera 2.7 Targa (serie G) del año 1974. La lista podría seguir eternamente, pero Popivantchev nos tiene preparado otro punto en la agenda: la visita a su garaje privado.
Poco después, nos encontramos frente a su casa, cuyo garaje se construyó en la ladera que hay delante. «Ali Baba’s Cave» («La cueva de Ali Babá») reza un cartel en el exterior. Dentro huele a gasolina y aceite, a cuero y metal. Popivantchev relata cómo pasó de la universidad a la estación de esquí y cómo, después, empezó a importar coches estadounidenses tras el colapso de la Unión Soviética. Pero entonces, después de comprar un 356 A Coupé y un 911 2.4 Targa (modelo original), descubrió su pasión por Porsche. Después explica cómo fue creciendo su empresa hasta que, hace tres años, se convirtió en el importador oficial de Porsche para Bulgaria. Lleva a su visitante hasta el 356 B Coupé de 1963, el año en que él mismo nació.
Regreso al azul Bali:
Ivaylo Popivantchev ha restaurado el 356 B coupé respetando fielmente el diseño original.
Kilómetro cero:
también el habitáculo del 356 de 1963 luce tal y como se entregó originalmente en su día.Popivantchev le compró el coche a un coleccionista de Texas y lo ha restaurado siguiendo fielmente el modelo, de modo que ahora vuelve a brillar en color azul Bali. Anteriormente, el coche estaba pintado de rojo. «Técnicamente estaba perfecto, pero le faltaba la pintura original». Esa autenticidad es su credo a la hora de tratar los clásicos. ¿El colector de escape del motor está bien conservado, pero no es del año que tiene que ser? Pues se sustituye. ¿El cuero de los asientos no es el que traía el coche de fábrica? Pues se cambia. Para ello, Popivantchev cuenta con talleres propios en el Centro Porsche: carpintería, pintura, tapicería, cerrajería y taller de motores. Los empleados reciben formación aquí mismo, ya que en Bulgaria no abundan los conocimientos sobre automoción, especialmente sobre Porsche.
Pero ahora Popivantchev coge su maletín de cuero marrón, que lleva consigo a todas partes. Dentro hay un ordenador portátil. Lo abre, rebusca entre los archivos y murmura algo en búlgaro. ¿Qué será? Entonces abre un vídeo donde se ve una pendiente cubierta de nieve profunda y tres personas esquiando.
La primera se lanza montaña abajo en un descenso vertiginoso sobre un saliente, da un salto mortal y aterriza. Freeride en su máxima expresión. «Es mi hijo Mateo», afirma Popivantchev. El segundo esquiador se lanza con un salto mortal y realiza también un aterrizaje perfecto. «Rodin», dice el padre con orgullo. Cuando por fin sale el tercero trazando también una línea recta, cierra el portátil. «Bueno, da igual, ese soy yo...», dice. ¿Acabará el descenso con o sin salto mortal? Ivaylo Popivantchev se limita a esbozar una sonrisa.
Datos de consumo
718 Cayman GT4 RS
Macan Turbo
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20.7 – 18.4 kWh/100 km
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0 g/km
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A Class