El río sinuoso
Magarigawa es el circuito privado por excelencia de Japón. Aquí se combinan curvas complicadas, lujosas casas de huéspedes y un diseño paisajístico impresionante. El Porsche GT Circle permitió a veinte conductores de nueve países acceder en exclusiva a esta obra de arte total de armonía japonesa.
Se sienten como aventureros y están bien informados y en plena forma. Han estudiado a fondo los planos, la logística y las fotografías aéreas. En resumen, se creen capaces de conquistar la fortaleza y vencerla a nivel mental, físico y técnico. Los únicos riesgos son el azar y el destino. Y así, a las 17:00 h, hora central europea, se conectan desde todo el mundo al portal del Porsche GT Circle. La misión estaba reservada a los primeros veinte que se inscribieran. «Solo me quedaba esperar con angustia y rezar», recuerda Olivier Reimann. «Pero entonces... ¡Bingo!» Ahora, el belga se dirige al destino de sus sueños, a una hora y media al sur de Tokio, por una carretera rural entre pueblos y arrozales: Magarigawa, el «río sinuoso», Santo Grial de los circuitos japoneses.
El «infierno verde» de Asia:
visto desde el aire, el circuito privado de Magarigawa recuerda a Nürburgring por su entorno natural. El trazado de 3,5 kilómetros de longitud fue diseñado por Hermann Tilke.Especificaciones del circuito
Longitud: 3,5 kilómetros
Curvas: 22
Recta más larga: 800 metros
Pendiente de subida: 20 %
Pendiente de bajada: 16 %
Desnivel: 250 metros
Velocidad máxima: 280 km/h
Acercándose a un mito
Le sigue la caravana de Porsche con el resto de los veinte trotamundos. «¡Tengo mucha curiosidad por saber lo que nos vamos a encontrar esta vez!», comenta el vicepresidente del Porsche Club de Bélgica. Lleva el automovilismo en la sangre y ya ha explorado muchos circuitos del mundo, entre ellos Nürburgring, Bilster Berg y Silverstone. Pero... ¿Magarigawa? ¿Quizá solo sea un mito? Nos desviamos hacia un estrecho valle lateral. Matorrales, helechos y árboles nudosos cubren las empinadas laderas. La niebla matinal se aferra al asfalto húmedo y se entremezcla en las ruedas con el sonido grave del motor. «Sí, sí, es el destino», comenta Reimann. «Cuando esperábamos nuestro primer hijo, se lo dije a mi mujer: “Si es niño, lo llamamos Ferdinand, en honor al ingeniero legendario”. A lo que mi mujer respondió: “Vale, ¡y si es niña, Mercedes!”. Al final, fue niño y así quedó sellada nuestra fidelidad a Porsche».
La oscuridad del bosque se disipa ante el recinto. Barreras de acero, cámara, intercomunicador. Reimann asoma la cabeza por la ventanilla del 911 GT3 RS (992) y grita en medio del silencio: «¡Porsche GT Circle!» La puerta de entrada se abre a un lado y el coche sigue adelante. Las vallas de alambre mantienen la vegetación silvestre alejada de la calzada y, a continuación, se yerguen altísimos muros de hormigón curvados con motivos en forma de panal. Por delante, zonas de césped bien cuidadas y delicados arces. Como por casualidad, también se ven extraños cantos rodados cubiertos de musgo esponjoso. Hemos llegado a nuestro destino. ¿Pero dónde está el circuito de tres kilómetros y medio? ¿Dónde están las 22 curvas, el club, el hotel...?
Al límite:
para recorrer con seguridad y precisión las 22 curvas de Magarigawa, los participantes llevan guantes especiales de competición, entre otras cosas.Seis minutos más y se llega a una subida pronunciada hasta la cima, donde el parabrisas se llena de un cielo azul y despejado. Hay gruesas vallas de seguridad clavadas en rampas de hormigón que evocan imágenes en la mente: un ala de alta seguridad. Una cumbre internacional. Puro James Bond. En efecto, en el horizonte acechan edificios minimalistas de diseño elegante como si fueran los centros de mando del Dr. No o de Goldfinger. Una vez en la meseta, los deportivos aparcan en fila india. Un 911 GT3 RS (992), un 911 Carrera GTS (992), un 911 GT3 con kit Manthey (992) y un 718 Cayman GT4 RS, todos ellos listos para persecuciones de película. Un australiano sale de un 911 GT3 RS y se presenta. «Hale. Mike Hale». Él mismo también parece haber salido de una película de Hollywood.
Serpiente dragón negra y verde
Tras dos años y medio de obras, Magarigawa abrió sus puertas el 29 de julio de 2023 con un «Festival de la cultura del motor». Unos 3500 aficionados lo celebraron entre 500 coches deportivos, todos ellos magníficos ejemplares de la colección Magarigawa. Este exclusivo club privado no es un circuito de carreras en el sentido convencional. Cuenta con más de 400 socios, de los que el 80 % son japoneses. Setenta empleados se encargan de una casa club con restaurante, salón, piscina, balneario y simuladores de conducción. Diez villas para huéspedes con vistas al circuito convierten el complejo en todo un mundo de experiencias con las comodidades propias de un spa.
Wellness junto al circuito:
en la sede del club está el centro de control de Magarigawa (arriba). En el interior, el diseño y el futurismo revelan la estética japonesa. También en los baños termales se aplica el engawa, el principio básico del interiorismo japonés. Aquí, la naturaleza se debe fundir con el diseño interior (abajo).
¿Pero a quién se le ocurrió transformar un kilómetro cuadrado de naturaleza salvaje en un lujoso complejo con circuito por unos 200 millones de euros? El impulsor y propietario es presidente y director ejecutivo de una empresa que comercializa automóviles de lujo europeos e instalaciones industriales, entre otras cosas. Prefiere mantenerse en el anonimato, así lo exige la modestia japonesa. En su lugar, quien habla es el propio Magarigawa, su obra de arte total compuesta de armonía, alegría de vivir, suspiros de asombro y momentos vividos aquí y ahora. En efecto, la existencia fugaz se detiene aquí por un instante y se siente de cerca, mientras quedan atrás las preocupaciones.
Eso le ocurre ahora a Mike Hale, el australiano de Sídney. Cruza los brazos y gira lentamente en círculos, como los halcones que sobrevuelan su cabeza. La vista panorámica se extiende hasta la bahía de Tokio y el Fujiyama, la montaña sagrada de Japón. Hale, que atesora formación en tres materias, analiza el complejo. «Un objeto escultórico con paredes rocosas que parecen haber salido volando: me recuerda al movimiento artístico Land Art de Arizona o Nuevo México. Luego está el propio circuito, la serpiente dragón negra y verde, un nexo entre naturaleza, funcionalidad y diseño», opina el arquitecto. «¿Riesgo y diversión bajo un mismo techo? Me parece un tema jurídicamente complejo», sentencia el abogado que hay en él. Y al filósofo, por último, le conmueven las rocas aparentemente esparcidas al azar.
Pabellón de salida:
tras la puerta del opulento garaje, los participantes del GT Circle se preparan para las sesiones de conducción.
De comunidad a amistad:
el australiano Mike Hale y los chinos Li-Yu y Anthony Kam (de izq. a dcha.) se han conocido gracias al evento del GT Circle en el circuito del río sinuoso.Hale sabe bien lo que hay detrás de ellas: el sentido de la belleza de Japón, forjado a lo largo de siglos, respeta también a las piedras como seres dotados de alma. Pueden haber transcurrido eones en los que el viento, el río o los volcanes han moldeado su carácter. Toda una joya para los expertos buscadores de piedras, que a menudo las persiguen durante años por encargo de exigentes coleccionistas. La distancia no importa. Muchos de esos pesados bloques van a parar al otro extremo del Imperio, como aquí, en Magarigawa.
El arquitecto paisajista Hachiro Sakakibara, de 80 años y aún en activo a nivel internacional, los ha dispuesto como en una escenografía dentro de un mundo de jardines creado por él mismo siguiendo en parte las estrictas reglas del «Ma», la filosofía espacial japonesa, y guiándose también por su intuición. «He tenido en cuenta el cielo, la cadena montañosa y los tejados planos de las casas de huéspedes, así como la orientación y el ángulo de inclinación de los monolitos que hay entre las plantas», explica. «Primero decido instintivamente cómo deben colgar de la grúa los bloques, que pesan varias toneladas, y a continuación dirijo el proceso de descenso como si fuera un director de orquesta». El apellido de Sakakibara no podría ser más acertado, ya que significa «árbol perenne sagrado en el campo». Mientras él se encargaba del microcosmos paisajístico, el ingeniero civil y promotor alemán Hermann Tilke, de 71 años, se ocupó del macrocosmos de Magarigawa. Su trayectoria profesional está jalonada por ochenta circuitos que ha modificado o reconstruido en todo el mundo, entre ellos veinte con especificaciones de Fórmula 1. Le resultó muy útil su propia experiencia como piloto, que incluye carreras de 24 horas como las de Nürburgring y Bathurst. Su empresa, que cuenta con 150 empleados, tiene sedes en Alemania, China, México, Baréin y Estados Unidos, y también construye complejos residenciales, hoteles y edificios administrativos.
Diseño armonioso:
el circuito de 3,5 kilómetros de longitud se integra a la perfección en la topografía del entorno. El trazado a través del paisaje montañoso recuerda a Nürburgring Nordschleife.Romanticismo japonés
Al llegar a la recepción de la casa club, los invitados reciben una cálida bienvenida. Las empleadas visten traje de pantalón negro, llevan el cabello perfectamente peinado y exhiben una sonrisa atenta y comprensiva. Mathias Menner, de Porsche Community Management, recibe a los huéspedes. Él ha organizado este viaje para el Porsche GT Circle, y se nota que ha estado mucho en Japón. Actitud modesta, escucha atenta y consejos con un tono de humor, pero teniendo siempre discretamente presente el desarrollo general del evento.
Los héroes y sus cascos:
en la previa se imparten conocimientos adicionales. Indiran Padayachee (segundo por la izquierda) escucha atentamente al instructor (arriba). Los cascos de carreras con diseño Magarigawa ya están preparados (abajo).
El GT Circle opera en todo el mundo. Ofrece eventos de conducción excepcionales donde la comunidad comparte su pasión por Porsche e intercambia experiencias sobre la conducción de alto rendimiento. El acceso exclusivo a los expertos de Porsche, la red global y el ambiente familiar en los eventos elevan aún más el nivel de la experiencia. Cada propietario de un vehículo GT se puede registrar en el GT Circle mediante su número de identificación del vehículo (VIN). El programa también incluye jornadas en circuitos o «Track-Days», visitas a fábricas, estrenos, sesiones informativas sobre diseño y tecnología, rutas por carretera o sesiones en simulador, así como formatos selectos de ocio y atención al cliente. Los eventos espectaculares de automovilismo, como el de Magarigawa, son el no va más en este mundo de experiencias. Es una comunidad especial, cercana, familiar y orientada a las altas prestaciones. «Uno de nuestros fans celebra hoy un aniversario», apunta Menner. «Estamos pendientes de poner en su plato la felicitación escrita con chocolate».
El vestíbulo de la sede del club se presenta bajo una luz tenue, con la sobriedad de un museo. La mirada se dirige arriba, y se descubre que el techo brilla por su ausencia. En su lugar, flota una escultura de doce metros de color gris oscuro con miles de elementos de bambú entrelazados. Se asemeja a una nube formada por finísimas redes de pesca y altavoces con formas irregulares. Es una obra del artista japonés especializado en bambú Hajime Nakatomi. En la pared, la escalera enmarcada en cristal desciende hasta posarse sobre una piedra de río negra que pesa varias decenas de kilos y que también ha encontrado en Magarigawa su nuevo lugar de descanso. Limpiada por el agua durante millones de años y hallada en el lecho de un río, ha llegado a convertirse en un peldaño justo ahora, en la era de la humanidad. Líneas de cuarzo blanco, creadas por la propia naturaleza, recorren su curvatura en alusión al circuito y al nombre «Magarigawa». La segunda mitad de la palabra, gawa, que en español significa «el río», aparece representada en japonés en el logotipo de forma abstracta.
Lema al volante:
«If in doubt – flat out!» (en español, «¡En caso de duda... pisa a fondo!») es el lema que siempre les acompaña.Anthony Kam y su esposa Li-Yu suben al pacífico coloso casi con actitud reverencial. Son chinos de Hong Kong que, al igual que los japoneses, aprecian mucho el poder evocador de sus caracteres escritos, que fueron adoptados en Japón hace siglos. Al llegar a la segunda planta, la pareja se encuentra ante una amplia fachada acristalada. Aquí, el diseño interior y el mundo exterior entablan su interacción o engawa, el principio básico en el interiorismo japonés. Es la zona de transición entre la naturaleza y la zona habitable. Ambas se deben fundir a la perfección, sin concesiones de ningún tipo, ya sea en un verano tropical o en un invierno gélido. En las casas tradicionales japonesas, las puertas correderas de papel siguen siendo a día de hoy el límite máximo de una barrera, finísimas y blancas como la nieve. En Magarigawa, el elegante comedor goza de una temperatura agradable, por supuesto, pero con la ilusión de que se extiende hacia la piscina infinita y más allá, pasando sobre el circuito y la vegetación hasta llegar a las montañas... eso es romanticismo japonés en estado puro.
Anthony Kam ya empieza a impacientarse: está ansioso por medir sus fuerzas con las 22 curvas. Lo mismo le ocurre a Bernhard Krönung, aunque se nota que al alemán de barba blanca, director general de una empresa de seguridad, nada le saca de quicio. «Mi padre fue mecánico de automóviles en la década de 1950 y ya entonces se dedicaba a retocar motores Porsche. Eso explica mi pasión. Hoy en día, el Taycan Cross Turismo es el coche que uso a diario, el 718 Spyder lo conduzco en los días soleados y el 944 S2 en los eventos de coches clásicos». Entonces, Krönung baja con Anthony y Li-Yu Kam al pabellón de salida, junto al vestíbulo.
Los elegidos:
Olivier Reimann, vicepresidente del Porsche Club de Bélgica, y Bernhard Krönung, director general de una empresa de seguridad alemana, son dos de los veinte miembros del GT Circle que disfrutan de una experiencia exclusiva de automovilismo en Magarigawa.
Despegando hacia las nubes
Huele a goma. Los neumáticos están calientes y el sonido de los veinte motores es como una sinfonía. Olivier Reimann y Mike Hale completan sin problemas las vueltas rápidas bajo la supervisión de los instructores. El día anterior ya hubo una sesión previa en el Porsche Experience Center (PEC) de Tokio, cuyo circuito, que incorpora elementos de Suzuka, la variante Nordschleife y Laguna Seca, es más corto que Magarigawa, pero ofrece opciones de entrenamiento adicionales, entre otras una zona de derrapes, un recorrido todoterreno con pendiente pronunciada y pistas deslizantes de baja fricción. Actualmente hay diez PEC en todo el mundo, donde los interesados pueden iniciarse con sus primeras experiencias en circuito. «No estaba preparado para el impacto emocional de Magarigawa», afirma Hale, retomando su faceta más filosófica. «Concentrado, en plena fluidez, envuelto por el diseño armonioso del paisaje... Casi se me saltaron las lágrimas en el 911 GT3 Manthey a 250 km/h».
«¡Venga, sube! ¡Puede que hoy también tú vivas una experiencia extracorporal!»
Indiran Padayachee
En busca de la trazada ideal:
antes de la práctica viene la teoría. Durante el recorrido de reconocimiento, los participantes se familiarizan con el circuito.Indiran Padayachee asiente en actitud comprensiva. El fan indio afirma que las subidas y bajadas con un total de 250 metros de desnivel en rápida sucesión, combinadas con curvas extremas, le han catapultado durante unos segundos a un estado trascendental. «¡Venga, sube! ¡Puede que hoy también tú vivas una experiencia extracorporal!» El recorrido empieza directamente con una curva de 180 grados, para seguir a toda velocidad por dos rectas. Padayachee pisa el acelerador. En la siguiente curva cerrada, las fuerzas centrífugas se notan claramente. Luego llega un cambio de dirección. El verde, las laderas de hormigón, las montañas, el cielo... Ahora todo es una mezcla de colores pastel. Frenar de nuevo, subidas en zigzag pasando por las casas de huéspedes y la curva Off-Chamber a toda velocidad rumbo a la cima más alta. Aquí uno cree que despega a ciegas hacia las nubes, con la esperanza de que detrás no haya quedado ningún piloto en la pista. «¿Qué tal?», pregunta Indiran Padayachee riendo. «Creo que mejor nos ahorramos el simulador de conducción». Se dirige a una de las villas Magarigawa con techo ajardinado que le han reservado. Aún queda mucho día por delante y la oferta es amplia. ¿Aguas termales? ¿Karaoke? ¿Spa para relajarse? Entra en la antesala. Allí, en una enorme cabina de cristal, brilla un 911 GT3 con kit Manthey. Sigue avanzando hacia el salón y respira hondo un momento antes de lanzarse de nuevo al sinuoso circuito de Magarigawa y disfrutar al máximo de las posibilidades que ofrece la pista. Una última parada breve ante el ventanal: en la lejanía, el monte Fuji vigila el circuito. Engawa en estado puro.
Programa de experiencias exclusivo
App GT Circle: el registro se realiza mediante la Porsche ID y el número de identificación del vehículo (VIN).
Datos de consumo
718 Cayman GT4 RS
911 Carrera GTS
-
10.6 – 10.1 l/100 km
-
242 – 230 g/km
-
G Class
-
G Class
911 GT3
-
13.8 – 13.7 l/100 km
-
312 – 310 g/km
-
G Class
-
G Class
911 GT3 RS
-
13,2 l/100 km
-
299 g/km
-
G Class
-
G Class
Taycan Turbo GT con paquete Weissach
-
24.8 – 20.6 kWh/100 km
-
0 g/km
-
A Class