Una nueva era

En el corazón del triángulo relojero suizo, Porsche Design ha inaugurado su nueva Timepieces Manufaktur. Tanto en la región como en el propio edificio, se respira tradición artesanal y detalles de la historia de la relojería. Para la fabricación de cronómetros de última generación, Porsche sigue el eficiente ritmo de los principios de producción que aplican para sus piezas exclusivas. 

   

En ocasiones, la jornada laboral de Christoph Fröhlicher comienza en el «supermercado». En él no hay productos alimenticios ni cajas registradoras, aunque sí muchas estanterías y cajones meticulosamente organizados. En una mano, Fröhlicher sostiene una lista, mientras que con la otra empuja a través de las estanterías un carrito donde va dejando de uno en uno los componentes para sus relojes: una caja de titanio por aquí, una correa de piel por allá. Por aquí, un anillo lacado en azul cobalto; por ahí, un recipiente con cinco diminutos tornillos. Cada pieza, desde el mecanismo hasta las agujas y las tapas de los rotores, tiene su lugar fijo en una de las cajas del carrito. En cuanto una caja está completa, significa que contiene todos los elementos necesarios para fabricar un reloj con ADN Porsche y, por lo general, el resultado es una pieza única.

«Alrededor de tres cuartas partes de nuestros relojes son piezas únicas, es decir, están personalizadas según los deseos del cliente», explica Rolf Bergmann, CEO de la Timepieces Manufaktur de Porsche Design, quien trabaja un piso por debajo del «supermercado», en la zona de configuración de la fábrica de relojes de Porsche Design, inaugurada en 2026. Mientras que en la planta superior hay abundante luz y una limpieza clínica, aquí predominan los tonos cálidos y los materiales nobles, y no solo en los muebles. En este salón, los amantes de Porsche y de los relojes pueden diseñar un reloj personalizado a juego con su 911 o su Cayenne.

Pasión por la precisión:

Incluso tras treinta años en la profesión, el maestro de producción Christoph Fröhlicher no se cansa de observar el delicado trabajo manual que se realiza en la mesa de relojería ni de escuchar el armonioso tictac de un reloj recién terminado.

Comprueban el tono de los distintos componentes, que deben ser idénticos a los de la pintura de su vehículo. Sienten la textura de la correa, elaborada con el mismo cuero que los asientos de su propio automóvil deportivo. Asimismo, descubren por qué el rotor del reloj mecánico es mucho más que una miniatura fiel al detalle de la llanta de aleación del 911: esta última debe estar perfectamente equilibrada pero, en el caso de un rotor, ocurre justo lo contrario. «Equilibramos el rotor de la llanta con contrapesos de tungsteno para crear un desequilibrio que dé cuerda al mecanismo automático», explica Bergmann.

Cero tolerancia a los errores:

En la sala blanca, el concentrado relojero coloca manualmente las agujas en la esfera. Para esta tarea, utiliza una herramienta especialmente ajustada a la fuerza de sus manos, para que cada aguja quede exactamente a la altura correcta y en posición cero.

El rotor poco convencional y la gran variedad de colores y materiales que se pueden ver en el salón son un símbolo de la misión de Bergmann, oriundo de Renania. Su trabajo consiste en fusionar la exclusividad del mundo automovilístico con la de los relojes de la marca Porsche.

Ubicación fantástica:

El edificio de la fábrica de Grenchen, que data de 1955, ha sido completamente renovado para Porsche Design y equipado según los estándares más modernos. Se encuentra en el corazón del «triángulo relojero suizo» y en medio del pintoresco paisaje del Jura.

Como jefe de proyecto en Zuffenhausen, el ingeniero de producción y logística se encargó de integrar el programa Exclusive en la cadena de montaje, es decir, de convertir los deseos extremadamente individualizados de los clientes en un proceso eficiente: desde los retrovisores exteriores con pintura especial hasta el monograma grabado en los reposacabezas. «Me trasladé a Suiza para implementar estos principios en el sector relojero», afirma Bergmann. «Nuestra nueva fábrica está perfectamente diseñada justo para eso».

A diferencia de la ubicación anterior en Soleura, que había llegado al límite de su capacidad, Porsche Design puede ahora aplicar de forma óptima los altísimos principios de producción de Porsche en la vecina localidad de Grenchen. Durante 18 meses se llevó a cabo una renovación integral de los 3600 metros cuadrados que ocupa, adaptándolos a la logística «Just in Time» con recorridos cortos. La línea de producción presenta una disposición en forma de U para que todas las fases del proceso encajen a la perfección entre sí: desde la preparación de pedidos en el «supermercado», pasando por las diez estaciones de relojería iluminadas con LED especiales y situadas en la sala blanca con certificación ISO, hasta la fase del control de calidad.

La lista de la compra:

En el «supermercado» situado junto a la sala blanca de la fábrica, un relojero selecciona, con exactitud y según su lista, los componentes que necesita para fabricar el reloj a medida del cliente. En esta ocasión, con un anillo de esfera azul.

Sin embargo, la nueva planta de producción no solo es una solución ideal desde el punto de vista técnico, sino que el edificio en sí, construido en 1955, está estrechamente vinculado a Porsche desde el punto de vista histórico. Entre 1998 y 2014, la marca Eterna fabricó aquí relojes de Porsche Design bajo licencia. Y ya en 1972, F. A. Porsche encargó la fabricación de su primer reloj, el legendario Chronograph 1, a tan solo dos calles de allí. «En este edificio rebosante de tradición le damos un hogar nuevo y duradero a la visión de nuestro fundador», declara Bergmann.

A su vez, esta sede se encuentra en el corazón del mundialmente famoso «triángulo relojero suizo». Hacia 1850, este pueblo tradicionalmente agrícola de aproximadamente 1500 habitantes se convirtió en un centro mundial de la industria relojera. «Las malas cosechas empobrecieron a los campesinos, lo que motivó este drástico cambio», explica Monika Bruder, guía turística especializada en la historia relojera de Grenchen. Tras varios intentos fracasados de fundar talleres de trenzado de paja e hilanderías de seda, fue finalmente el médico y político Josef Girard quien introdujo la relojería en la localidad como medio para la salvación económica. Lo que comenzó como una tarea a domicilio de los campesinos en pequeños bancos de trabajo dio lugar al cabo de un tiempo a las primeras fábricas y, como consecuencia, a cada vez más puestos de trabajo. «Cien años después, en Grenchen vivían y trabajaban 22 000 personas», afirma Bruder.

Esta evolución puede admirarse en el Museo de Cultura e Historia de la ciudad, en un edificio de tres plantas en el que hay piezas que van desde los talleres caseros de los primeros relojeros hasta el mobiliario de estilo Mid-century que empezó a poblar los salones de la ciudad relojera en los años 50, cuando se convirtió ya en una localidad próspera. Quien visite actualmente por primera vez la región se sorprenderá por los pintorescos contrastes paisajísticos que rodean a Grenchen. Enclavado entre el lago de Biel, con sus agradables viñedos, y los acantilados rocosos y escarpados en algunos tramos de la parte alta del Jura, el río Aar serpentea a lo largo de un espacio protegido de la naturaleza y las aves. En la parte alta, por encima del valle, se alza la reserva forestal de Bettlachstock, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, donde se conserva un reducto de naturaleza virgen entre antiguos hayedos. Basta prestar atención para ser conscientes del paso del tiempo, que sigue marcando el espíritu del lugar y de la región: quien se acerque a Grenchen por la carretera desde la vecina localidad de Biel pasará por delante de las sedes centrales de varias marcas de relojería de renombre internacional, así como por una rotonda en cuyo centro hay cuatro enormes relojes de pulsera de color azul claro indicando la hora. 

Signo de los tiempos:

En cada rincón de Grenchen late de forma inconfundible el corazón de la industria relojera suiza. Quien atraviesa la ciudad es recibido con estilo por cuatro relojes de pulsera gigantes situados en medio de una rotonda.

Constructor de puentes con ADN de Porsche:

Rolf Bergmann, CEO de la Timepieces Manufaktur de Porsche Design, es especialista en satisfacer los deseos más exclusivos de sus clientes. En Grenchen, combina la eficiencia de Zuffenhausen con la precisión de la relojería suiza.

Aunque no llame tanto la atención, el ecosistema único constituido por centros de formación y empresas con alto grado de especialización de la región es igualmente importante. «Aquí trabajan los mejores profesionales de nuestro sector, y todos los proveedores se encuentran en los alrededores», explica Bergmann, que suele visitar a los proveedores en su 911 Azul Lugano para examinar en persona el color o el tacto de un nuevo componente.

Solo cuando uno de estos componentes supera los estrictos requisitos de calidad de Porsche Design (por ejemplo, el pulsador del reloj debe soportar al menos 10 000 toques, en lugar de los 3000 habituales según la norma suiza), acaba finalmente en una de las cajas del «supermercado». Desde aquí se desliza suavemente a través de una abertura en la pared hasta la sala blanca contigua, el corazón de la manufactura de relojes de Porsche Design.

«Trabajar aquí es toda una experiencia», dice entusiasmado Christoph Fröhlicher. Este traslado también supone para él un regreso muy emotivo. El maestro relojero ha trabajado durante muchos años en el Jura y en la vecina localidad de Soleura, aunque su carrera profesional comenzó hace casi tres décadas en Grenchen, donde realizó su formación profesional y donde dedicó catorce años a trabajar en la mayor empresa de fabricación de mecanismos de relojería mecánica de todo el mundo, justo al lado de la nueva Timepieces Manufaktur de Porsche Design.

La magnífica calidad de la nueva sala blanca ha sorprendido incluso a los especialistas con más experiencia. «Al principio no podía creer que encontráramos tan pocas partículas de polvo en la fase de control de calidad». 

Margen para la individualidad:

En la sala de personalización de la planta baja de la fábrica, los clientes pueden crear relojes a medida. Gracias a la utilización de las pinturas de carrocería y el cuero de los asientos de las gamas 911 y Cayenne, el vehículo y el reloj van a juego.

Fröhlicher, que dirige el equipo formado por diez relojeros, valora especialmente que aquí el trabajo se organice según el principio de la versatilidad. «Cada relojero está capacitado para todas las estaciones del proceso de producción», aclara. Rolf Bergmann también ha importado esta regla de Zuffenhausen: en lugar de realizar las mismas tareas cada día mediante una división del trabajo, como ocurre en la producción en serie convencional, los relojeros rotan por las distintas áreas. Por un lado, esto aporta diversidad en lo relativo a las funciones, pero, en particular, mejora la calidad desde la fase de fabricación, dado que se conocen de antemano los aspectos que requerirán mayor atención durante el control de calidad.

Recorriendo el triángulo relojero:

En un viaje a Grenchen, merece la pena hacer una visita a la localidad vecina de Soleura, que aparece en la foto, o una excursión por los alrededores del lago de Biel.

En concreto, esto significa que la caja, cuyos componentes ha ensamblado Fröhlicher, ya está lista para que su joven compañero Tobias Schmid la retire de la cadena de montaje de la sala limpia. Lo primero que hace es colocar el mecanismo en el cronocomparador de su mesa de relojero para comprobar la precisión de la marcha. Seguidamente, se pone la lupa en el ojo derecho para montar la esfera y el anillo de color, antes de pasar a las agujas. Muy concentrado, las coloca con ayuda de su pinza personal «Brüssel». Empieza por las que van más al fondo y presentan más complicación hasta llegar a la aguja más grande. Este trabajo requiere una motricidad fina al más alto nivel: todo tiene que estar perfecto, desde el correcto posicionamiento en altura de todas las agujas hasta el ajuste a cero preciso del cronógrafo. Seguidamente, coloca el mecanismo terminado en la caja, comprueba con aire comprimido que no se haya colado ningún grano de arena en el reloj, coloca las juntas y atornilla la caja de titanio. Tras su montaje, el denominado «cabezal del reloj» se somete a diversas pruebas de resistencia en varias fases: precisión de marcha, reserva de marcha, hermeticidad y un minucioso control visual. Es entonces cuando se realiza el grabado de la inscripción personalizada en la caja del reloj y se coloca la correa de cuero o titanio seleccionada.

Como resultado de este proceso que dura varios días se obtiene un reloj de fabricación a medida… y un tictac perfecto. Incluso después de treinta años, no hay para Christoph Fröhlicher sensación más maravillosa que «el latido regular del reloj en el cronocomparador». A Rolf Bergmann, su jefe, ahora le pasa algo parecido, aunque le costó un poco acostumbrarse al sonido. Sonriente, explica que la gran diferencia entre Zuffenhausen y Grenchen radica en la acústica: «En el caso de un reloj, el tictac es un indicio de calidad. En un coche, sin embargo, figura en los primeros puestos de la lista de fallos dentro de la categoría de ruidos no permitidos. Si se oye un tictac, es que algo va mal».

Christoph Henn
Christoph Henn
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