Solo una pierna rota. Saludos, Annie

Annie Bousquet amaba la velocidad y la euforia. En 1955 fascinó a sus coetáneos batiendo un récord mundial con un Porsche 550 Spyder. Pero al triunfo le siguió una tragedia.

Fuerzas centrífugas:

Fuerzas centrífugas:

hasta su abandono por un reventón, Annie Bousquet impresionó con valor y destreza en la pared vertical.
Récord:

Récord:

la piloto de Porsche Annie Bousquet en Montlhéry con su Porsche 550 Spyder en 1955.

Su vida empezó con una pierna rota. ¿O habría que decir que empezó a tocar a su fin? Nadie sabe cómo habría comenzado ella misma su historia. Annie Bousquet falleció hace más de medio siglo.

Lo que está claro es que los anales del automovilismo tendrían una leyenda menos si a Annie Bousquet no se le hubieran cruzado los esquíes en Sestriere en 1952. Ese día se ve obligada a pasar la tarde que cambiará su vida en el lobby del hotel. Casualmente escucha la conversación de dos italianos acerca de las carreras de coches. Uno de ellos es Alberto Ascari, que ese mismo año y al siguiente será campeón mundial de Fórmula 1 y que en 1955 sufrirá un accidente mortal en Monza. La vienesa Bousquet, que antes de casarse con un francés se apellidaba Schaffer y que tiene una hija de 10 años, se siente cautivada por las descripciones de Ascari sobre un mundo más allá de los 200 kilómetros por hora. ¡Qué contraste con su protegida existencia y con los días ocupados con el tenis, el esquí y la equitación! En un abrir y cerrar de ojos decide acelerar su vida.

Al hospital con un récord

Correrá su primera carrera al poco de recuperarse de su fractura con un Renault 4CV en la Rallye Coupe des Alpes, en Francia. Tiene que abandonar debido a un fallo en la caja de cambios. No logran frenarla ni las derrotas ni los comentarios despectivos de la competencia, mayoritariamente masculina. Su estilo de conducción, entre atrevido y temerario, la convierte en una temprana estrella de su deporte. Alcanzar la meta, como ocurre en las Mille Miglia de 1953, en su caso es más bien la excepción. Bousquet coquetea permanentemente con los límites de la física, y en cada carrera está más ávida de éxito. Decididamente, su meta es conquistar un puesto en los anales del automovilismo.

Linas-Montlhéry, 16 de agosto de 1955. El programa del autódromo situado al sur de París anuncia una carrera de récord de velocidad para mujeres. Como es habitual, a Bousquet no le impresionan los riesgos, ni siquiera en el circuito en el que su ídolo Ascari perdió a su padre durante una carrera en 1925. Su único objetivo es batir el récord que la inglesa Gwenda Hawkes, con la que siempre mantiene reñidas carreras, había establecido en 1934 con un promedio por vuelta de cerca de 215 kilómetros por hora. Para ello, Bousquet corre con el mejor bólido disponible: un Porsche 550 Spyder, del fabricante de carrocerías Wendler de Reutlingen, construido especialmente para ella. El Spyder azul racing está propulsado con combustible de carreras, tiene neumáticos especiales y la cabina revestida en los laterales. Todo el vehículo está adaptado para esta competición. Y efectivamente, tres años y medio después de su primera competición, su carrera automovilística alcanza la cumbre: con una carrera increíblemente concentrada alcanza una velocidad de 230,5 kilómetros por hora en su vuelta más rápida. ¡El anhelado récord mundial!

En la carrera de Linas-Montlhéry de 1955, Bousquet realiza la vuelta más rápida a 230,5 kilómetros por hora. Pero un solo récord no le basta.

Ansia de victoria:

Ansia de victoria:

Annie Bousquet y Gilberte Thirion en un Porsche 550 Spyder (con el número de salida 232) durante el Tour de Francia de 1954. En la imagen: la prueba especial en Reims.

Para Bousquet entra dentro de lo normal que ese día acabe en el hospital. En su euforia por la nueva mejor marca decide espontáneamente que quiere batir también el récord por hora. A más de 200 kilómetros por hora estalla un neumático y el vehículo se estrella contra un muro. El alivio en Zuffenhausen es inmenso cuando llega un telegrama suyo: «Una pierna rota, pero no el cuello. Animada. Saludos, Annie».

Salida tras una larga travesía nocturna

Tras el récord, la fortuna abandona a Bousquet.

Segura de sí misma:

Segura de sí misma:

Annie Bousquet con el 550 Spyder modificado especialmente para ella.

En enero de 1956 fallece su marido Pierre Bousquet en un accidente de coche. En junio del mismo año participará en la carrera de 12 horas de Reims, que la llevará a la muerte. Es una tragedia anunciada. Tras el accidente de su marido, Bousquet sigue compitiendo. Lo organiza todo ella misma, también Reims. Su 550 Spyder, que se había estado reparando en Porsche, no está listo hasta el día antes de la carrera. Bousquet lo va a recoger y se dirige con él al circuito. Tras unos 500 kilómetros de recorrido nocturno insiste en realizar el primer stint. En la vuelta 17 la rueda delantera izquierda sale de la pista, el vehículo vuelca y Bousquet se rompe el cuello. La carrera dura todavía 11 horas y los rivales de Annie pasan por delante del lugar del accidente, algunos seguramente pensando en una mujer excepcional que a sus poco más de 30 años siempre había querido ir más deprisa. Como reacción al arriesgado estilo y la muerte de Bousquet, el Automobile Club de l’Ouest, organizador de las 24 Horas de Le Mans, veta la participación a las mujeres, una prohibición que no se levantará hasta 1971.

Probablemente Annie Bousquet habría comenzado la historia sobre su veloz y demasiado breve carrera en el automovilismo con esta frase: mi vida empezó con una fractura. 

Gerald Enzinger
Gerald Enzinger

Journalist, author and TV expert on the topic of Formula 1.