El asfalto hecho arte

En el paisaje de Noruega, las carreteras serpentean entre los fiordos y las montañas. A continuación, vamos a disfrutar de un viaje con el nuevo Porsche Cayenne por carreteras que representan mucho más que la mera conexión entre dos puntos.

La famosa carretera Trollstigen –o Escalera de los Trolls–, la más transitada de Noruega y una obra de arte de la ingeniería, discurre por la empinada ladera montañosa cual cinta de regalo ondeando al viento. 11 curvas de horquilla suben desde el valle de Isterdalen hasta el collado de Stigrøra, a 405 metros de altura. En algunos puntos la carretera ha sido labrada directamente en la roca, en otros está amurallada con piedra natural. A mitad de camino un puente de piedra natural pasa por encima de la cascada de Stigfossen. Cada una de las curvas lleva un nombre, en la mayor parte la del jefe de obra responsable de supervisar su construcción.

El Porsche Cayenne conquista curva a curva el macizo montañoso de Trolltindene. Las rocas se erigen como olas que jamás llegan a romper. Solo de vez en cuando el rumor de una gigantesca cascada se abre camino hasta el valle, donde el mar se ha abierto camino a lo largo de 100 kilómetros formando el fiordo de Geiranger, el más destacado de Noruega y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Trollstigen

Trollstigen

El orgullo escandinavo está enmarcado por rocas del tamaño de ciudades, bosques sin fin, cumbres nevadas y carreteras que el hombre ha sabido labrar en esta naturaleza salvaje por donde ahora discurre una franja de asfalto. 280 kilómetros al noroeste de Oslo, el Porsche se abre camino desde Åndalsnes hasta Geiranger por la Trollstigen, la Ruta Dorada inaugurada en 1936 por el rey Haakon VII. Las rutas nacionales de Noruega constituyen su núcleo turístico. Estas rutas permiten llegar a la naturaleza salvaje del norte y descubrir la diversidad del país. Permiten, en definitiva, eliminar las barreras naturales.

Las 18 rutas paisajísticas más importantes de Noruega se extienden a lo largo de más de 1.850 kilómetros entre las montañas del Sur y la costa atlántica en el Norte más septentrional. Estas obras de arte de la ingeniería, que fusionan la arquitectura moderna con la eterna naturaleza, serpentean a lo largo de fiordos y cadenas montañosas, conduciendo algunas de ellas hasta las poderosas olas del Oceáno Atlántico. La costa noruega, plagada de fiordos que alineados le conferirían 6.000 kilómetros de longitud, no supone ningún obstáculo para estas carreteras.

Curvas cerradas, naturaleza sin límites

En la provincia de Møre og Romsdal se encuentra una gran parte de estas kilométricas franjas de asfalto. Detrás de las horquillas de Trollstigen, en el interior, discurre una de las carreteras más antiguas del país. Se trata de la nacional Gamle Strynefjellsvegen, que da testimonio de la voluntad exploradora de los habitantes de la zona desde hace más de 130 años. Esta zona tiene un gran atractivo turístico, pues en verano ofrece la posibilidad de bañarse en su parte baja contemplando la sempiterna nieve que cubre su parte alta.

Gamle Strynefjellsvegen

Gamle Strynefjellsvegen

En la naturaleza indómita el hombre sabe sacar lo mejor de sí.

También en este día la nieve hace frente a los rayos del sol, que en la montaña hacen subir la temperatura a 15 °C, el valor más alto del año. La carretera zigzaguea por la planicie yendo de un bello lago de montaña al siguiente. En algunos tramos no es buena idea dar la vuelta, pues el espacio no basta para que pase un coche al lado del otro. El asfalto se inserta en este paisaje virgen donde, de vez en cuando, se precipita alguna cascada que corre por la roca como una arteria vital.

Volver a la naturaleza significa volver a la esencia de uno mismo. También el Cayenne demuestra ahora sus puntos fuertes: crear y ofrecer espacio. El camino lleva por el interior de la montaña a través del Lærdal, el túnel de carretera más largo del mundo. Aquí las ondas del eco no se desvanecen, sino que parecen reconcentrarse en un sonido atronador que recorre las cavernosas y frías paredes de piedra. El trayecto por el túnel supone un contraste extremo con el silencioso ascenso por la ladera de la montaña. Se pasa de la inmensidad del paisaje a la limitación más absoluta.

Lærdalstunnelen

Lærdalstunnelen

En los 24,51 kilómetros que separan Aurland de Lærdal en la provincia de Sogn og Fjordane no se ha derrochado en iluminación. El Cayenne se desliza en la oscuridad como en un acelerador de partículas, invisible para los de afuera y casi invisible para sus compañeros de camino. Un túnel que es a la vez elemento de unión, obra de arte de la ingeniería, arquitectura moderna y espacio en sí mismo.

Construcción del siglo

El Cayenne sigue su camino hacia el Norte, avanzando a la costa atlántica. Ya en la Edad del Bronce los noruegos se dedicaban a construir grandes embarcaciones y miles de años más tarde, entre 1983 y 1989, crearon la construcción noruega del siglo: Atlanterhavsveien, la carretera del Atlántico. Este tramo de más de 8.200 metros de longitud forma parte de la Carretera 64 y supera los límites naturales de costa para unir, de forma casi directa, las ciudades de Molde y Kristiansund. Demuestra a la perfección que el hombre sabe sacar lo mejor de sí cuando la naturaleza se muestra más indómita. En medio de una naturaleza espectacular, pasa por muchos puentes con una altura de hasta 23 metros. Estas rutas turísticas de Noruega son resultado de haber sabido afrontar un reto con la naturaleza. El camino es la meta y la carretera es arte.

Frieder Pfeiffer
Frieder Pfeiffer